lunes, 15 de junio de 2015

obituario ORNETTE COLEMAN (1930 - 2015)






La música que
surgió del caos


Ornette Coleman (Texas, 1930), el más intelectual y más libre de los músicos de jazz de todos los tiempos falleció el pasado día 11 a los 85 años en su residencia de Manhattan, a causa de un paro cardíaco. Coleman no necesita calificativos; era una leyenda. En 2007 actuó en A Coruña, dentro de los conciertos extraordinarios de la Fundación Barrié. Tuve la suerte de charlar con él unos minutos, lo suficiente para comentarme que «el jazz es un concepto intelectual que reúne a muchos intérpretes de procedencias muy diversas. No describe ninguna forma de pensar concreta, ni está basado en una raza ni en ninguna cultura. Lo más importante es la creatividad y todo el mundo tiene la oportunidad de inventar algo nuevo. En música, todos los seres humanos somos iguales y tenemos las mismas oportunidades». Amén a eso...





Ornette Coleman es leyenda. Un músico fundamental en la historia del jazz que, junto a Miles Davis, John Coltrane, Don Cherry Eric Dolphy, se convirtió en el gran generador desde finales de los años cincuenta del concepto que hoy conocemos como jazz contemporáneo. Sin él, el edificio del jazz no tendría este aspecto. Coleman no dejaba a nadie indiferente, gustara o no lo que hacía. Fue el responsable de provocar esa gran grieta en la tradición del género, que lo convirtió en el padre de lo que hoy conocemos como free jazz. Reventó todas las estructuras del lenguaje, cuestionó a los intelectuales musicales más ortodoxos de la época, fraccionó la militancia musical e influyó en una gran cantidad de músicos de generaciones posteriores. Pero todo esto tuvo un precio y pasó factura a su carrera, poblada de silencios elocuentes al tener que enfrentarse a la incomprensión de la industria de la época.


Ornette Coleman nació en Texas en 1930. Su formación musical tiene mucho que ver con la intuición y su capacidad autodidacta. Hizo sus primeros bolos en bandas de rhythm and blues, aunque ya en aquel entonces despertaba división de opiniones entre el público y sus propios compañeros. A mediados de los cincuenta se trasladó a Los Ángeles y se tropieza con músicos afines, como el trompetista Don Cherry, que se convertiría en su gran compañero de viaje, o el contrabajista Charlie Haden, quien también formó parte de sus primeros proyectos. A finales de los cincuenta, el bebop caminaba en círculo, pero no sería hasta la década siguiente cuando dos acontecimientos alteraron definitivamente la escena jazzística: por un lado la explosión de John Coltrane y por otro el desembarco de free jazz, con Ornette Coleman a la cabeza.
TRÁNSITO
El tránsito no fue fácil para Coleman. Desde sus primeros discos, como The Shape of Jazz to Come (Atlantic Records, 1959), Change of the Century (Atlantic Records, 1960), Free Jazz (Atlantic, 1960), hasta el merecido reconocimiento con la concesión en el 2007 del Pulitzer de Música por su álbum Sound Grammar (Sound Grammar, 2006), su broche discográfico a su trayectoria, en la que nunca renunció a su espíritu libre y afianzando un sonido absolutamente personal y brillante de su saxo alto. Es por esta época, finales de los cincuenta, cuando protagonizó la anécdota dramática que define perfectamente su filosofía: se presentó en el escenario de club neoyorquino Five Spot tocando un saxo de plástico y se armó un tremendo follón entre los que defendían esa manera libre de interpretación, y los que le acusaban de burla a los valores tradicionales del jazz. Esa división a partes iguales entre los defensores y detractores ha sido una constante en su trayectoria.
Visionario o fraude, un debate estéril, ya que lo que propone Ornette Coleman en el free jazz es la ausencia de fronteras en la música a partir de un nuevo lenguaje, que él mismo acuñó en el término harmolodía, una teoría en la que confluyen la armonía, la melodía, el ritmo y la improvisación, además de la capacidad para poder interpretar lo que se está tocando. A esta brusca supresión de las estructuras musicales básicas hay que acercarse casi con curiosidad infantil, ya que donde no hay estructura o hilo conductor se puede esperar cualquier cosa; un sonido, una melodía, un ruido; silencio incluso...






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