viernes, 24 de febrero de 2012

VÍCTOR PRIETO acordeón




VÍCTOR PRIETO
«Rompí todas las reglas para entrar en Berklee»

El quinto Ciclo 1906 de Jazz ofrece la posibilidad de conocer un poco más la obra de Víctor Prieto (Ourense, 1975), un acordeonista gallego afincado en Nueva York que ha logrado con mucho sacrificio hacerse un hueco en la escena musical neoyorquina y codearse con algunos de los grandes nombres del género, como el de la compositora María Schneider. Priego apuesta en convertir el acordeón en un instrumento con presencia, revolucionando la sonoridad de este instrumento.




—¿Le sorprendió la llamada del Ciclo 1906 de Jazz?

—No, en realidad ya se pusieron en contacto conmigo en el año 2010 para participar en el ciclo, pero en aquella ocasión no pudo ser porque vine a España para participar en cuatro conciertos del Xacobeo y otros tres fuera de este evento.

—Usted viene de Nueva York, ¿cómo le sienta venir a España a actuar en bares de jazz?
—Me parece muy bien, sobre todo porque son lugares en los que nunca toqué aquí en España, como Madrid, el Dado Dadá de Santiago y el Xancarajazz de Vigo. Además, también tengo un concierto el sábado en el Teatro Riera, de Villaviciosa, en Oviedo.

—Se decidió por el acordeón, pero no le pareció suficiente esta rareza que además se empeñó en estudiar jazz, ¿cómo fue ese proceso?
—Bueno, empecé con el acordeón porque a mi madre le encantaba su sonido. Ingresé en el Conservatorio de Ourense para hacer clásico, pero no avanzaba. Pero todo cambió cuando escuché en la radio a Richard Galliano y ahí fue cuando me quedé pillado definitivamente con el jazz y el acordeón. Dejé Ourense y fui al Estudio Escola de Música de Santiago pero tampoco estaba del todo satisfecho, a pesar del esfuerzo de los profesores, que no sabían qué hacer con el acordeón. Por ese motivo, en 1998 decidí aprovechar una beca y probar suerte en la Jazz Berklee College of Music, de Boston.

—¿Qué pasó cuando se presentó en Berklee con su acordeón?
—Bueno, rompí todas las reglas para entrar en Berklee. Soy el único acordeonista que ha pasado por esta escuela y todavía no ha habido ningún sucesor. En realidad yo entré en Berklee matriculado en Film Scoring (música de películas) ya que en acordeón era imposible, me dijeron.  Seguí adelante porque no quería renunciar a la beca, y al segundo semestre ya pude cambiar al acordeón con la ayuda y supervisión de la pianista Joanne Brackeen.

—¿Llegó a pensar en algún momento en cambiar de instrumento?
—No, nunca. Yo sabía que el acordeón era lo mío y fui a Berklee a buscar información para poder desarrollar la sonoridad de este instrumento.

—Y debido a la naturaleza de su instrumento, ¿se sintió marginado en medio de tantos pianistas, saxofonistas o guitarristas?
—No, pero porque soy una persona muy abierta y no tengo dificultades en hacer amigos. No me he sentido solo. Aunque supongo que la gente no apostaba por mí... Pero yo cuando veo algo claro voy a por ello.

—Ser el único acordeonista de Berklee tiene también su reclamo, ¿no?
—No creas, la gente escucha más música con la vista que con los oídos. El público no está familiarizado con el acordeón y por lo tanto cuesta romper el hielo, pero cuando lo rompes es algo fantástico, tanto para el público como para mí.

—¿Cómo fue su aterrizaje en Nueva York?
—Decidí seguir el consejo Oscar Stagnaro, bajista de Paquito D’Rivera, que me aconsejó que lo intentara, y así fue. Llegué en el año 2002 y al principio fue duro. Los fines de semana iba a Boston a trabajar. Trabajé de ayudante de camarero y lo que ganaba trabajando lo fundía durante la semana en Nueva York, saliendo por las noches, intentando conocer gente, locales, participando en jams...

—Todo un trabajo de campo...
—Sí, no tenía otro remedio. No había mánager, ni relaciones públicas...

La calidad y constancia de Víctor Prieto le ayudó a hacerse
un hueco en la escena jazzística neoyorquina

«Para un músico, 

Nueva York es la gran referencia»



—¿Fue todo un reto abrirse hueco en la escena neoyorquina?
—Para un músico, Nueva York es la gran referencia. Y si hablamos de jazz, ya te puedes imaginar. Es muy difícil entrar en la escena musical de Nueva York. Todo va muy rápido. Hay una competencia feroz. Todo el mundo toca a un nivel alto. Luego están los que tocan a un nivel altísimo, y no son uno ni dos... Después están los fuera de serie. Y ahí estoy yo, en medio de todos ellos. Lo bueno es que todas las relaciones son muy profesionales, lo que facilita mucho la convivencia.

—¿Cuánto tiempo tardó en hacer sus primeros bolos?
—En seis meses estaba tocando casi todas las noches.

—Supongo que la llamada de Maria Schneider compensa muchos esfuerzos.
—Sin duda. Maria Schneider es una las compositoras más grandes que se pude encontrar en el jazz. Tiene un concepto musical único. Te puedo asegurar que es muy complicado tocar su música.

—¿Cómo se puso en contacto con usted?
—Fue a través de uno de sus trombonistas durante la preparación de un concierto para  el compositor Emilio Solla. Me dijo que Maria Schneider buscaba acordeonista para su orquesta y me la presentó. El año pasado participé en más de 25 conciertos con su banda.

—Y donde se coloca dentro de la orquesta de Maria Schneider?
—Estoy junto a la sección de viento. María no escribe para acordeón, por lo que tengo que pasar su música a mi instrumento.

—Además de compositor e intérprete, usted es toda una autoridad en el acordeón y ha desarrollado una técnica para tocar este instrumento, ¿en qué consiste?
—En desarrollar acordes que antes no existían en el acordeón, lo que me permite crear otro tipo de colorido y texturas que antes no eran posibles con este instrumento. Algo similar a las progresiones en el piano o la guitarra.

—¿Qué repertorio trae para esta gira de conciertos?
—Presentaré material nuevo con el trío, temas que todavía están sin grabar, que tienen mucho que ver con el jazz y la world music. Espero que el público disfrute.

Publicado en el Fugas (La Voz de Galicia)



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